Pieza del mes de abril de 2013
General Juan José Neira
Colecciones de arte. Área dibujo
Sala Federalismo y Centralismo (1930-1886)
Segundo piso


Pieza del mes, marzo 2013


José María Espinosa Prieto  
General Juan José Neira
Dibujo
ca. 1850
12.5 x 16.5 cm
Reg. 1969...

Programa Pieza del mes 2013 
Desde hace 190 años, el Museo Nacional alimenta una colección de piezas, en su mayoría donaciones, que tienen los más diversos orígenes. En el 2013, el programa de la Pieza del Mes servirá como pretexto para continuar indagando sobre el origen de estas colecciones, al igual que para celebrar un aniversario más de un gran museo que pertenece a todos los colombianos.

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Hay múltiples interpretaciones sobre los motivos que desencadenaron la guerra de los Supremos. Algunos autores ven en ella una pugna por el poder entre militaristas y civilistas, otros la definen como la continuación del debate entre federalistas y centralistas, y hay quienes la interpretan como una lucha de clases, a la vez que se la ha tomado como “la guerra personal entre José María Obando y Tomás Cipriano de Mosquera"1. Aparte de las consecuencias que tuvo para el país, este conflicto determinó la oficialización del ingreso al Museo Nacional de imágenes que representaran a personajes de la vida pública, tras la guerra de independencia.

Juan José Neira, estratega militar que murió en este conflicto, se destacó en dos importantes combates: Paipa y Buenavista. Al ganar la segunda de estas batallas, evitó que los ejércitos rebeldes invadieran la ciudad de Bogotá. El 25 de abril de 1841, en la edición 502 de la Gaceta de la Nueva Granada, se publicó el decreto mediante el cual se instituyó el homenaje a su memoria.

Además de ordenar que su nombre se pusiera “en letras de oro en las salas de sesiones del Senado i Cámara de Representantes”, y en una sala del Museo Nacional creada expresamente para recibir objetos y monumentos históricos, se recomendaba que en ese sitio debían ocupar “lugar preferente el retrato de éste, i la espada i la lanza con que combatió”.

Así mismo, tras su muerte fue objeto de celebraciones que igualaban el fasto de homenajes hechos a otros personajes. En parte, se le rindieron esos honores por haber salvado a la ciudad de

 … su destrucción por los amenazantes y revoltosos Supremos, en especial del gobernador del Socorro, coronel González de Reyes Patria, y de su famoso ejército del Norte [aliviándola de un pánico] enorme, pues la amenaza de los insurrectos era destruir la ciudad y entregarla al pillaje y al saqueo de las tropas, entre éstas trescientos llaneros, si no se rendían incondicionalmente2.

De igual manera, se rendía tributo a la exitosa estrategia militar que diseñó, a la decisión de enfrentar a los soldados que buscaban entrar a la ciudad y a la sorpresa que significó su muerte. Así, su velorio terminó convertido en un acto de implantación de visibilidad: el héroe recibía el favor de quienes le sobrevivieron, mediante espectaculares demostraciones públicas. Según algunos cronistas, a esta conmemoración

… asistieron más de cuatrocientas señoras e igual número de hombres distinguidos, a cuya cabeza estaban el Presidente de la República, el Cuerpo Diplomático y los empleados principales. Hasta entonces no se había visto en Bogotá una procesión tan lúcida. Ni que brotaran tantas lágrimas de patriotismo... Un sencillo monumento de mármol blanco señala en el cementerio público el lugar donde reposan las cenizas del Coronel Neira, erigido por un decreto del Congreso Granadino, con este epitafio: “Murió por su Patria, y su Patria llora su pérdida y honrará siempre su memoria”3.

Los signos visuales que se produjeron en medio de los actos de recordación del coronel Neira fueron resultado de una serie de acciones que seguían dos caminos: unas provenían de la iniciativa oficial, generalmente instituida mediante decreto, en tanto que las otras formaban parte de gestiones civiles. Ambas se escenificaban en el espacio público de la ciudad y terminaron por determinar la manera en que habría de honrarse la memoria de los personajes que se destacaran en la vida política del país. En este sentido, Barón Ortega recuerda que al mismo tiempo que se emitió el decreto oficial, se encargó un monumento funerario en honor del general:

... obra del célebre escultor [Antonio] Lefévre [que] es tan sencillo como expresivo; adquirido por suscripción popular, fue traído de Europa por Don José Ignacio París en 1843, y entre tantos símbolos fúnebres que eternizan el paso de los hombres en nuestro bello cementerio Central de Bogotá, se yergue hermosamente perpetuando su recuerdo4.  

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1Para una breve descripción de cada una de estas interpretaciones, véase Francisco Zuluaga Ramírez, “La guerra de los Supremos en el suroccidente de la Nueva Granada”, en Las guerras civiles desde 1830 y su proyección en el siglo XX, Bogotá, Museo Nacional de Colombia, 2001, p. 19.

2José María Samper, citado en Julio Barón Ortega, Vida y hazañas del caudillo Juan José Neira de Velasco, Tunja, Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, 1985, p. 29.

3José Manuel Restrepo, citado en ibíd., p. 41.

4Barón, ibíd., pp. 41-42.


Sección actualizada en 2013-04-01